Jueves, 21 de mayo de 2026
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¿Qué hay detrás de los aromas de hinojo, brioche o vainilla en una garnacha blanca de la Terra Alta?

Maika Clua es especialista en comunicación y formación del vino. Ingeniera Técnica Agrícola por la UPC y Máster en Innovación Vitivinícola por la Universidad de La Rioja.

Maika Clua 20 de mayo de 2026 a las 19:56

Entre el Priorat y Aragón, tierra adentro, la Terra Alta sigue siendo una de las denominaciones menos conocidas de Cataluña. También una de las más singulares. Aquí la garnacha blanca alcanza su mayor concentración mundial y da lugar a vinos que, incluso compartiendo variedad y paisaje, se desplazan hacia registros aromáticos muy distintos.

La garnacha blanca de Terra Alta tiene un perfil aromático fácilmente reconocible. Cítricos, fruta blanca, hierbas mediterráneas y, a menudo, ese fondo anisado que recuerda al hinojo o a otras plantas mediterráneas. Y, aun así, puede dar vinos muy diferentes.

Algunas garnachas blancas se mueven en registros tensos y directos. Otras ganan amplitud, textura o aromas más evolucionados que recuerdan al brioche, las especias o la vainilla. La variedad es la misma. El paisaje, en gran parte, también. Pero muchos de los aromas que aparecen en la copa no explican únicamente una variedad, sino también una forma de trabajar el viñedo, de vinificar y de acompañar la evolución del vino.

En enología, estos aromas suelen agruparse en tres grandes familias. Los aromas primarios, vinculados sobre todo a la variedad y a factores como el suelo, el clima o la viticultura; los secundarios, relacionados con la fermentación y determinadas decisiones de elaboración; y los terciarios, que se desarrollan con el tiempo y la crianza. La garnacha blanca de Terra Alta permite leer estas tres capas con bastante claridad.

 

L’Abrunet blanc, de Celler Frisach, se mueve claramente en el registro más directo y varietal, muy centrado en los aromas primarios del vino. El vino combina dos momentos distintos de vendimia de una misma parcela para equilibrar tensión y madurez. No se clarifica ni se estabiliza y mantiene una expresión especialmente limpia de la fruta. En copa aparecen cítricos, pera, manzana verde y ese fondo anisado tan característico. Todo resulta fresco, preciso y muy vinculado al paisaje seco y mediterráneo de la zona.

En Celler Piñol, L’Ànima de l’Avi Arrufí se muestra en otro registro. La uva procede de viñas viejas y pasa siete meses en depósito ovoide de hormigón. La textura cambia. El vino gana amplitud y profundidad, aparecen recuerdos de melocotón y albaricoque y una sensación más cremosa vinculada al trabajo con lías. La variedad sigue presente, pero el perfil aromático empieza a desplazarse hacia los aromas secundarios, más ligados a los procesos de elaboración que a la variedad en sí.

La crianza abre todavía otra lectura de la garnacha blanca. Edetària, con Edetària Selecció Blanc, trabaja el roble francés con mucha contención, buscando más integración que protagonismo. Aparecen notas especiadas, fruta madura y un ligero fondo de vainilla procedente de compuestos presentes en la madera, pero el vino mantiene tensión y recorrido. La sensación final tiene más que ver con la profundidad y la textura que con una crianza evidente, en un perfil donde empiezan a aparecer aromas terciarios vinculados al tiempo y a la evolución del vino.

Tres vinos, una misma variedad y un mismo territorio. Y, aun así, perfiles aromáticos muy distintos.

Quizá ahí esté una de las cosas más interesantes de la garnacha blanca en Terra Alta. Tiene una identidad varietal muy reconocible pero también una enorme sensibilidad a las decisiones que intervienen durante la elaboración y la crianza.
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