

Durante décadas, cruzar la frontera entre Canadá y Estados Unidos para comprar una botella de whisky era de lo más cotidiano. Desde este martes, 29 de septiembre, ya no lo es. La Administración Trump ha prohibido la importación de bebidas alcohólicas canadienses, un comercio que el año pasado movió unos 800 millones de dólares, según informa la CNN.
Nunca antes Washington había utilizado un veto a las importaciones contra un país aliado. Hasta ahora, las guerras comerciales se libraban a golpe de arancel, encareciendo el producto sin llegar a cerrarle la puerta.
La norma permite al presidente imponer aranceles de hasta el 50%, o directamente prohibir importaciones, cuando considera que otro país discrimina el comercio estadounidense. No necesita el aval del Congreso. Ningún presidente la había utilizado de esta manera, por lo que los tribunales todavía no han aclarado qué debe demostrar la Casa Blanca para aplicarla.
Ahora Washington responde a esa respuesta. Inu Manak, investigadora del Peterson Institute for International Economics, lo resume en términos coloquiales: fueron los Estados Unidos quienes empezaron y Canadá solo respondió.
El veto no se limita al alcohol. También afecta a productos lácteos, como el suero de leche, y a las motocicletas, hasta sumar cerca de 1.000 millones de dólares en importaciones.

Quien sale mejor parado es Crown Royal, el whisky canadiense más conocido en Estados Unidos, porque ya trabajaba así: envía grandes cantidades a granel y embotella allí todo lo que vende en el mercado estadounidense.
Tampoco se espera que los estadounidenses noten el veto inmediatamente. Los distribuidores han tenido tiempo de llenar los almacenes antes de su entrada en vigor.
Trump, por su parte, se muestra convencido de que Canadá cederá dentro de tres o cuatro semanas y se ofrecerá a eliminar todos sus aranceles. El primer ministro canadiense, Mark Carney, de momento, no ha dicho nada.
El precedente no es menor para los productores europeos, que saben muy bien lo que es quedar atrapados en medio de una disputa comercial. En 2019, en plena guerra por las ayudas a Airbus, Washington impuso un arancel del 25% a buena parte de los vinos tranquilos españoles, franceses y alemanes.