El enoturismo se consolida como una palanca estratégica para el desarrollo económico, social y territorial de Ribera del Duero. Así lo confirma el informe elaborado por PwC, presentado en Roa, que analiza la contribución real del vino y la Denominación de Origen al conjunto de la economía española.
Contexto: La presentación del informe reunió a representantes institucionales, bodegas y la Ruta del Vino para reflexionar sobre el papel del enoturismo más allá de la visita a bodega: empleo estable, fijación de población, sostenibilidad del modelo productivo y refuerzo del posicionamiento internacional de Denominación de Origen Ribera del Duero.
Qué sabemos? La actividad vinculada a la DO Ribera del Duero genera más de
1.330 millones de euros de PIB en España, sostiene
cerca de 21.000 empleos y aporta
unos 460 millones de euros en recaudación fiscal. En paralelo, el enoturismo asociado a la Ruta del Vino Ribera del Duero suma
79 millones de euros de PIB y
más de 1.350 empleos, con un gasto medio por visitante
casi tres veces superior al del turismo convencional.
Qué dicen?
- Miguel Ángel Gayugo, presidente del Consorcio de la Ruta del Vino: “El enoturismo no solo trae visitantes, sino empleo estable, apoyo al territorio y oportunidades para los jóvenes.”
- Fernando Rodríguez de Rivera, director general de Bodegas Prado Rey: “El visitante vive una experiencia, no solo compra una botella, y eso construye marca y valor.”
- Enrique Pascual, presidente del Consejo Regulador: “El vino aporta territorio, cultura y desarrollo económico; necesitamos normativas coherentes con esa realidad.
- Jordi Esteve Bargués, socio responsable de Economics & Strategy en PwC: “Es clave definir un modelo de territorio con visión integral y de largo plazo.”
Por qué es importante? El enoturismo actúa como multiplicador económico: diversifica ingresos, impulsa hostelería y gastronomía, refuerza el empleo rural y consolida una marca Ribera del Duero premium con capacidad de competir en mercados internacionales.
En profundidad: Entre los principales retos identificados destaca la necesidad de mejorar la conectividad, las infraestructuras y la movilidad, elementos clave para facilitar el acceso al territorio y optimizar la experiencia del visitante.
A ello se suma la ordenación del territorio y la convivencia con otras actividades industriales, un aspecto sensible para preservar el paisaje, la identidad vitivinícola y el valor diferencial de la denominación. La disponibilidad de vivienda y la atracción de talento joven completan el mapa de desafíos estructurales que condicionan el desarrollo a medio y largo plazo.