Miércoles, 11 de marzo de 2026
EL VINO EN CHINA

​Crónica del vino en China: entre la ambición y la urgencia de un cambio de paradigma

El 32.º Concurso Mundial de Bruselas ha organizado la sesión de blancos y tintos en Yinchuan, en la provincia china de Ningxia

Eva Vicens 1 de julio de 2025 a las 08:52
El Concurso Mundial de Bruselas 2025 se ha celebrado en Yinchuan, en la provincia china de Ningxia. | CMB
El Concurso Mundial de Bruselas 2025 se ha celebrado en Yinchuan, en la provincia china de Ningxia. | CMB
No es ninguna novedad que China ha irrumpido con fuerza en el mapa vitivinícola mundial. En tiempo récord se ha hecho un hueco entre los principales países productores y ha escalado a los primeros puestos tanto en producción de uva como en entrada de producto embotellado al mercado. Tanto es así, que hace apenas un par de décadas todo era emergente, todo eran aprendizajes y miradas muy cercanas a Francia, especialmente a Burdeos, que fue región de inspiración para muchos châteaux chinos y también para algunas variedades y un estilo de vino que los chinos han querido incorporar como propios.

 

Sesión de cata en el CMB. Foto: CMB



También es cierto que esta realidad, hoy en día, vive un momento revulsivo, y algunos de los actores chinos del vino dicen que su país también debe afrontar los retos del cambio climático, del descenso del consumo y de los cambios de tendencia entre los consumidores, que ahora buscan vinos más ligeros, de baja graduación o directamente desalcoholizados y 0,0 % vol. Después de una experiencia intensa visitando una de sus principales regiones vitivinícolas, la provincia de Ningxia, la realidad es que pesa cierto desánimo también en cuanto a la producción de vino actual. “Hay cambios importantes en el contexto que exigen un cambio urgente de paradigma”, lamentan. Por partes.

La nueva realidad: un mercado en transición


“Ahora mismo, la industria del vino de China se encuentra en uno de sus peores momentos”, afirma Xing Wei, una de las voces más autorizadas del sector del país. Master of Wine, formador y consultor, habla con cifras sobre la mesa, recordando que se están perdiendo posiciones en la producción, pero también en el ámbito de la importación. Él culpa en parte al cambio en las tendencias de consumo, y al hecho de que durante muchos años se ha invertido en hacer vino premium que exige pagar precios elevados por botella. Ahora, no solo les afecta el contexto internacional, sino que el país también está viviendo importantes restricciones en lo que respecta al apoyo del ámbito público.

 

Concurs Mondial de Bruxelles a Yinchuan, Ningxia. Foto: Eva Vicens



Una ley pública estatal reciente prohíbe beber vino (y otras bebidas alcohólicas) en eventos públicos, y eso reduce las ocasiones en las que se puede permitir servir vinos chinos en la mesa


“No todo el mundo se puede permitir pagar 40 o 50 euros por una botella”, recalca el MW, por eso su posición es clara y recomienda un cambio estructural en la producción. “El consumidor habitual de vinos premium está desapareciendo, y no es fácil sustituirlo por otros perfiles que estén dispuestos a pagar esos precios”, insiste. Comenta, además, que desde la pandemia del COVID esta tendencia se ha agravado y ha hecho que muchas bodegas acumulen stock. El camino, dice, pasa por “abrirse a productos de entrada de gama, o incluso, hacer y vender vino a granel”.
 

Vins xinesos. Foto: Eva Vicens



Coincide en el diagnóstico la consultora y cofundadora de E-trans Culture, Wine Educator, Liu Lingling, que no se muestra especialmente optimista ante la realidad actual de la industria del vino china. “El consumidor está cambiando, y el mercado pide cada vez más vinos ligeros, nuevos estilos que se alejan de buena parte de la producción actual del país”, detalla. Y el problema, confiesa, es “que muchos productores locales no están abiertos al cambio”. “Es cierto —continúa— que vemos entrar nuevas generaciones de elaboradores, pero todavía tienen poco poder, poca incidencia para cambiar nada, y entre las grandes marcas aún dominan los estilos clásicos”. Más allá de los problemas de estilo y consumo, añade otro reto: “los vinos chinos no tienen tipicidad”.

La falta de tipicidad y el papel de la Marselan


“Las nuevas generaciones no asocian el vino con el lujo, sino con la cultura y el estilo de vida”, insiste Xing Li. Y sobre todo, añade, “quieren beber vinos con carácter y tipicidad”, una cualidad que lamentablemente aún no está suficientemente consolidada en la producción china. Esta carencia es reconocida tanto por voces internas como por profesionales internacionales.

Lo que el Malbec ha sido para Argentina, podría serlo la Marselan para China: un símbolo de diferenciación y reconocimiento internacional

Conscientes del reto, varios expertos señalan una variedad internacional como posible vía de diferenciación. Aunque la Cabernet Sauvignon sigue dominando los cultivos del país, la Marselan está ganando peso como variedad emblemática y con proyección de futuro. Este cruce entre Cabernet Sauvignon y Garnacha, nacido en Francia, ha encontrado en China una segunda patria. Con taninos suaves, fruta madura y un perfil aromático seductor, muchos la consideran ideal para dotar a los vinos chinos de identidad propia. “Lo que el Malbec ha sido para Argentina, podría serlo la Marselan para China: un símbolo de diferenciación y reconocimiento internacional”, sugieren los profesionales.

Uno de ellos es Jan McMahon, DipWSET e importador suizo para la empresa SPAR, quien destaca el potencial de la variedad, especialmente en versiones monovarietales. “Si aprenden a trabajarla bien, puede convertirse en una pieza clave para situar a China en el mapa mundial del vino y construir una identidad propia como productor de calidad”, afirma.

También el responsable comercial de Bodeboca, Alonso Fernández, subraya que aún “echa en falta tipicidad y contexto” en muchos de los vinos que ha catado de ese origen, aunque reconoce voluntad de innovación. Cita como ejemplo los vinos aromatizados con té, una propuesta sorprendente que podría romper moldes. “Hay bodegas que infusionan hojas de té en agua para reducir taninos y astringencia, y luego las añaden al vino durante la fermentación”, explica. ¿El resultado? “Un vino muy aromático, especialmente el blanco, que me recordó a un Gewürztraminer”. Fernández es escéptico sobre su implantación en Europa, pero cree que puede tener recorrido en mercados asiáticos: “Un colega de Indonesia me pidió contacto directo con la bodega porque ve mucho potencial para su consumidor”.


La exportación, una asignatura pendiente


Los mercados asiáticos son, hoy, los principales consumidores del vino chino. Países como Singapur, Indonesia o Malasia concentran buena parte de la demanda. “En estos países hay mercado”, afirma el responsable comercial de Bodeboca. Pero fuera de ese entorno inmediato, la exportación sigue siendo una asignatura pendiente para la industria vitivinícola china.

Aun así, el interés estratégico existe y es genuino. El sector es consciente de que, si quiere convertirse en un referente internacional en calidad, debe dar un paso adelante. Y ese paso, como reconocen varios expertos, no pasa solo por abrir mercados, sino por repensar el producto y el relato.

 

Sesión de cata en el CMB. Foto: CMB



La receta, por ahora, parece clara: construir una identidad propia, dotar a los vinos de tipicidad y adaptarse a los nuevos gustos globales. El mercado mundial tiende hacia vinos más ligeros, blancos y espumosos, mientras que China sigue produciendo más del 90 % de vinos tintos. “Hay que elaborar vinos más frescos y abrirse a nuevas tipologías”, recomienda el Master of Wine Xing Wei. En definitiva, la industria vinícola china se encuentra inmersa en una fase de transición profunda, donde conviven la ambición exportadora y las tensiones propias de un modelo aún en construcción. El potencial está ahí, sin duda. Pero el éxito dependerá de su capacidad de adaptarse a los gustos internacionales e innovar sin perder autenticidad.

De territorio hostil a productor de vinos de calidad: el ejemplo de Ningxia

“Ningxia es una de las regiones autónomas más pequeñas de China”, detalla Baudouin Havaux, presidente del CMB, en el libro Ruta del Vino de Ningxia. “Hasta hace muy poco, en esta región fronteriza con Mongolia Interior solo había explotaciones mineras y centrales térmicas para producir electricidad”, escribe. Y añade que la transformación del paisaje en un mosaico de viñas “ha sido una auténtica lucha”, de la cual él mismo ha sido testigo privilegiado: “cada año he visto nacer bodegas como setas, muchas de ellas inspiradas en el modelo bordelés”.

La publicación, presentada durante el evento, traza un extenso recorrido por la historia vitivinícola de una región que ha vivido una de las metamorfosis más notables del panorama chino. Rodeado por zonas desérticas como el Gobi, el territorio de Ningxia se ha convertido en tierra de viñas gracias a la implantación del regadío procedente del Río Amarillo, la altitud, la gran amplitud térmica entre el día y la noche, y un ambicioso programa de inversiones públicas. Uno de los puntos neurálgicos de esta revolución vinícola es la zona de Helan Mountain East, a los pies de las montañas Helan. Aquí se encuentran algunas de las bodegas más reconocidas del país, incluyendo proyectos internacionales como Chandon (del grupo Moët Hennessy) o Helan Qingxue, entre muchas otras.

 

Yinchuan, en la provincia de Ningxia. Foto: CMB


Sea como sea, desde sus inicios, Ningxia ha apostado por la elaboración de vinos premium. El gobierno estableció una política activa de subvenciones a bodegas premiadas internacionalmente, lo que desencadenó una auténtica carrera hacia la excelencia. Hoy, cientos de proyectos participan en concursos y eventos en todo el mundo, consolidando la imagen de la región como nuevo polo de innovación vinícola. De todos modos, esta estrategia no ha estado exenta de dificultades. Los precios elevados de los vinos de Ningxia dificultan su penetración en el mercado interno, aún condicionado por hábitos de consumo limitados. Conquistar la escena internacional es, pues, un paso natural pero exigente, que exige ajustar precios, estilos y posicionamiento.

Con casi tres millones de habitantes y seis distritos administrativos, Yinchuan no es solo la capital política de la región, sino una ciudad que quiere combinar el desarrollo tecnológico con una clara apuesta por la promoción enoturística. Y el caso de la ciudad y de Ningxia ejemplifica a la vez el gran potencial y la complejidad de la China vitivinícola. Eso sí, para convertirse en un actor consolidado en el mapa mundial del vino necesitarán algo más que inversiones y reconocimientos: deberán consolidar una identidad propia, escuchar a los nuevos perfiles de consumidor y diversificar la oferta. Eso les permitirá echar raíces profundas y construir un relato sólido, auténtico y perdurable.

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