


Sesión de cata en el CMB. Foto: CMB
Concurs Mondial de Bruxelles a Yinchuan, Ningxia. Foto: Eva Vicens
Una ley pública estatal reciente prohíbe beber vino (y otras bebidas alcohólicas) en eventos públicos, y eso reduce las ocasiones en las que se puede permitir servir vinos chinos en la mesa
Vins xinesos. Foto: Eva Vicens
Lo que el Malbec ha sido para Argentina, podría serlo la Marselan para China: un símbolo de diferenciación y reconocimiento internacional
Conscientes del reto, varios expertos señalan una variedad internacional como posible vía de diferenciación. Aunque la Cabernet Sauvignon sigue dominando los cultivos del país, la Marselan está ganando peso como variedad emblemática y con proyección de futuro. Este cruce entre Cabernet Sauvignon y Garnacha, nacido en Francia, ha encontrado en China una segunda patria. Con taninos suaves, fruta madura y un perfil aromático seductor, muchos la consideran ideal para dotar a los vinos chinos de identidad propia. “Lo que el Malbec ha sido para Argentina, podría serlo la Marselan para China: un símbolo de diferenciación y reconocimiento internacional”, sugieren los profesionales.
Uno de ellos es Jan McMahon, DipWSET e importador suizo para la empresa SPAR, quien destaca el potencial de la variedad, especialmente en versiones monovarietales. “Si aprenden a trabajarla bien, puede convertirse en una pieza clave para situar a China en el mapa mundial del vino y construir una identidad propia como productor de calidad”, afirma.
También el responsable comercial de Bodeboca, Alonso Fernández, subraya que aún “echa en falta tipicidad y contexto” en muchos de los vinos que ha catado de ese origen, aunque reconoce voluntad de innovación. Cita como ejemplo los vinos aromatizados con té, una propuesta sorprendente que podría romper moldes. “Hay bodegas que infusionan hojas de té en agua para reducir taninos y astringencia, y luego las añaden al vino durante la fermentación”, explica. ¿El resultado? “Un vino muy aromático, especialmente el blanco, que me recordó a un Gewürztraminer”. Fernández es escéptico sobre su implantación en Europa, pero cree que puede tener recorrido en mercados asiáticos: “Un colega de Indonesia me pidió contacto directo con la bodega porque ve mucho potencial para su consumidor”.
Aun así, el interés estratégico existe y es genuino. El sector es consciente de que, si quiere convertirse en un referente internacional en calidad, debe dar un paso adelante. Y ese paso, como reconocen varios expertos, no pasa solo por abrir mercados, sino por repensar el producto y el relato.
Sesión de cata en el CMB. Foto: CMB
“Ningxia es una de las regiones autónomas más pequeñas de China”, detalla Baudouin Havaux, presidente del CMB, en el libro Ruta del Vino de Ningxia. “Hasta hace muy poco, en esta región fronteriza con Mongolia Interior solo había explotaciones mineras y centrales térmicas para producir electricidad”, escribe. Y añade que la transformación del paisaje en un mosaico de viñas “ha sido una auténtica lucha”, de la cual él mismo ha sido testigo privilegiado: “cada año he visto nacer bodegas como setas, muchas de ellas inspiradas en el modelo bordelés”.
La publicación, presentada durante el evento, traza un extenso recorrido por la historia vitivinícola de una región que ha vivido una de las metamorfosis más notables del panorama chino. Rodeado por zonas desérticas como el Gobi, el territorio de Ningxia se ha convertido en tierra de viñas gracias a la implantación del regadío procedente del Río Amarillo, la altitud, la gran amplitud térmica entre el día y la noche, y un ambicioso programa de inversiones públicas. Uno de los puntos neurálgicos de esta revolución vinícola es la zona de Helan Mountain East, a los pies de las montañas Helan. Aquí se encuentran algunas de las bodegas más reconocidas del país, incluyendo proyectos internacionales como Chandon (del grupo Moët Hennessy) o Helan Qingxue, entre muchas otras.
Yinchuan, en la provincia de Ningxia. Foto: CMB
Sea como sea, desde sus inicios, Ningxia ha apostado por la elaboración de vinos premium. El gobierno estableció una política activa de subvenciones a bodegas premiadas internacionalmente, lo que desencadenó una auténtica carrera hacia la excelencia. Hoy, cientos de proyectos participan en concursos y eventos en todo el mundo, consolidando la imagen de la región como nuevo polo de innovación vinícola. De todos modos, esta estrategia no ha estado exenta de dificultades. Los precios elevados de los vinos de Ningxia dificultan su penetración en el mercado interno, aún condicionado por hábitos de consumo limitados. Conquistar la escena internacional es, pues, un paso natural pero exigente, que exige ajustar precios, estilos y posicionamiento.
Con casi tres millones de habitantes y seis distritos administrativos, Yinchuan no es solo la capital política de la región, sino una ciudad que quiere combinar el desarrollo tecnológico con una clara apuesta por la promoción enoturística. Y el caso de la ciudad y de Ningxia ejemplifica a la vez el gran potencial y la complejidad de la China vitivinícola. Eso sí, para convertirse en un actor consolidado en el mapa mundial del vino necesitarán algo más que inversiones y reconocimientos: deberán consolidar una identidad propia, escuchar a los nuevos perfiles de consumidor y diversificar la oferta. Eso les permitirá echar raíces profundas y construir un relato sólido, auténtico y perdurable.